Es increíble pensar cómo un corazón es capaz de aferrarse a un sentimiento más allá de la brevedad que puede vivir tal emoción. Los días que compartimos juntos se traducen, ahora, en milenios de nostalgia y melancolía.
Por eso mismo, me arrastré en el abismo donde las almas abandonan sus maldiciones y ofrecen parte de su pureza para vivir un poco más de tiempo con algo de paz. Llegué al fondo y levanté mi cuerpo a duras penas, sosteniéndome de rodillas, cubierta de barro y dolor, empapada en llanto y tristeza.








