No se trata de volver a la caverna. Ni de seguir anestesiados por pantallas. Se trata de encontrar un equilibrio más humano. No somos solo wifi. No somos solo nostalgia. Somos contradicción. Somos necesidad. Somos humanidad.
Ayer, un apagón nos recordó que desconectar no es negar. Es ver. Es sentir. Es entendernos. Menos ruido. Más verdad. Más nosotros.
Lo esencial no se ve en la pantalla.
