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Si una noche el teléfono te despierta, no dejes de contestarlo.


El dolor Irrumpe, nos bandea de un lado a otro, nos acerca y nos separa. Nos atrapa, nos aisla. Nos sorprende, nos conquista, nos convence. Y, algunas veces, y sin previo aviso, nos golpea con violencia y de forma inesperada desaparece. A nuestro lado, surge entonces, el silencio, el vacío. Las palabras se ahogan en la desesperación; porque el dolor busca ser compartido pero no quiere ser aliviado. Y la convulsión transforma el ahora en el ayer, y el mañana en agonía. No sabemos esquivarlo, no podemos ignorarlo y no queremos aceptarlo. Por eso, si un día a las tres de la madrugada tienes ganas de dar los buenos días, no esperes a que amanezca. Si una noche el teléfono te despierta, no dejes de contestarlo. No renuncies a un paseo porque esté lloviendo, a encender un fuego porque sea verano o a un momento porque haga frío. Porque no hay nunca un instante mejor que el ahora, ni un tiempo más cierto que el presente. Y ahora, estamos, aquí. Y hoy, mi cielo se cubre de lágrimas.




 (Esta presentación de PowerPoint me la regalo  Ester espero les guste.)


La vida es frágil. (Gracias Ester por el regalito)