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Feliz Navidad y próspero Año Nuevo.


No soy quien para dar un consejo, pero solo quisiera decirte algo desde el alma; si esta navidad vas a pasarla en familia, no toques en lo más mínimo tu celular, no te distraigas.

Aprovecha las risas, la comida, se lo más feliz que puedas en ese instante, porque tienes eso que muchos no, porque a cambio de ti hay personas llorando porque uno de sus familiares murió y su mesa esta incompleta, a cambio de ti hay otras como yo. Disfruta estas navidades tu que puedes.

Feliz Navidad y próspero Año Nuevo.

No soy quien para dar un consejo, pero solo quisiera decirte algo desde el alma; si esta navidad vas a pasarla en familia, no toques en lo más mínimo tu celular, no te distraigas. Aprovecha las risas, la comida, se lo más feliz que puedas en ese instante, porque tienes eso que muchos no, porque a cambio de ti hay personas llorando porque uno de sus familiares murió y su mesa esta incompleta, a cambio de ti hay otras como yo.  Disfruta estas navidades tu que puedes.

En el mundo paralelo de la fantasía seguiremos siendo amantes



A veces andamos navegando por la red y nos encontramos con escritos hermosos con los que de alguna forma nos identificamos, este es una de ellos.

"A pesar de lo que dicte la historia y sin importar hacia donde apunten nuestras huellas, aunque ya no exista un nosotros, aquí en las letras, en el mundo paralelo de la fantasía seguiremos siendo amantes eternos, contigo o sin ti, conmigo o sin mí..."

-Autor Desconocido.


 A veces andamos navegando por la red y nos encontramos con escritos hermosos con los que de alguna forma nos identificamos, este es una de ellos.   "A pesar de lo que dicte la historia y sin importar hacia donde apunten nuestras huellas, aunque ya no exista un nosotros, aquí en las letras, en el mundo paralelo de la fantasía seguiremos siendo amantes eternos, contigo o sin ti, conmigo o sin mí..."



Nunca nos dijimos para siempre, pero tampoco hasta nunca.


Nunca fuimos de esos que hacen las cosas como se han de hacer. Nunca fuimos juntos de viaje. Nunca fuimos juntos a lavar el coche. Nunca estuvimos juntos en ninguna boda. Nunca nos dijimos “para siempre”, pero tampoco “hasta nunca”.
Yo siempre fui tu puerta abierta. Tu vida y tus arrugas de expresión. Tú fuiste mi último primer amor. Mi cara más bonita sin enojarse. Mi precipicio emocional.
Pero no recordemos nuestras carencias. No hagas que piense de nuevo en las vidas que podría haber vivido mientras esperaba a que la tuya arrancara. No me mires como lo haces, como si estuvieras delante mío ahora. Y no, tampoco me toques la mejilla como si fuera de cristal. Te aseguro que si no me había decepcionado ya, ahora es el momento.


Nunca fuimos de esos que hacen las cosas como se han de hacer. Nunca fuimos juntos de viaje. Nunca fuimos juntos a lavar el coche. Nunca estuvimos juntos en ninguna boda. Nunca nos dijimos “para siempre”, pero tampoco “hasta nunca”.  Yo siempre fui tu puerta abierta. Tu vida y tus arrugas de expresión. Tú fuiste mi último primer amor. Mi cara más bonita sin enojarse. Mi precipicio emocional.  Pero no recordemos nuestras carencias. No hagas que piense de nuevo en las vidas que podría haber vivido mientras esperaba a que la tuya arrancara. No me mires como lo haces, como si estuvieras delante mío ahora. Y no, tampoco me toques la mejilla como si fuera de cristal. Te aseguro que si no me había decepcionado ya, ahora es el momento.




Sentada en el viejo banco de la estación del tren.




Cada día esperaba su llegada. Desde que entró en mi vida volví a morderme las uñas. Fue casi sin darme cuenta y no sabría decir cuándo ni por qué fue, pero de nuevo había caído en esa pequeña adicción. Y así, acompañada tan solo por el sonido de mis uñas entre los dientes, esperaba que pasaran los segundos sentada en el viejo banco de la estación del tren. No era una chica de arreglarme, más bien se podría decir que soy un poco desastre.   De manera que no me moví del banco en el que estaba. Sólo mis resentidas uñas podían saber cómo me encontraba en realidad. El sol se ocultó tras la estación del tren. Fue entonces, y sólo entonces cuando asumí la realidad; él no vendría.   Decepcionada y con la cabeza baja dirigí mis pasos hacia la puerta de salida. Cuando llegué a la estación me di cuenta que eran muy pesados mis zapatos pero me dolía más el corazón que la planta de los pies.  Casi podía notar cómo el corazón me sangraba, y tan distraída estaba en eso que no me percaté de que alguien me seguía.   En la distancia había quien seguía cada uno de mis pasos, quien controlaba mis movimientos. Poco a poco fue ganando terreno, aproximándose a mí hasta casi poder tocarme. Si alargaba el brazo podría acariciarme, si yo frenase en seco no podría evitar el choque.   Así me siguió durante un par de minutos hasta que no pudo contenerse más. Entonces se aproximó lentamente aprovechando que tuve que parar. Despacio, acercó sus labios a mi cuello. Al notarlo mi piel comenzó a levantarse inmediatamente.   Por un momento no supe si tenía que gritar, correr o dejarme llevar; fuera lo que fuese me tenía completamente paralizado el cuerpo sin poder reaccionar. Y del cuello a la oreja. Ahí dejó descansar sus labios y pronunció unas palabras. Tú también te mereces una sorpresa alguna vez, ¿no? Apenas podía creérmelo… era él! A quien había estado esperando en la estación!.   Nunca había esperado tanto algo como aquella vez, ese instante, esa voz y ese dulce tacto que me llegaba hasta el corazón. Después de unos segundo que me parecieron eternos, conseguí girarme y quedarme frente a él. Quién sabe, quizás todo fue mi imaginación o las ganas tan grandes que yo tenia de verle.  _Sentimientos del alma _ Amor _ Distancia



Cada día esperaba su llegada. Desde que entró en mi vida volví a morderme las uñas. Fue casi sin darme cuenta y no sabría decir cuándo ni por qué fue, pero de nuevo había caído en esa pequeña adicción. Y así, acompañada tan solo por el sonido de mis uñas entre los dientes, esperaba que pasaran los segundos sentada en el viejo banco de la estación del tren. No era una chica de arreglarme, más bien se podría decir que soy un poco desastre.

De manera que no me moví del banco en el que estaba. Sólo mis resentidas uñas podían saber cómo me encontraba en realidad. El sol se ocultó tras la estación del tren. Fue entonces, y sólo entonces cuando asumí la realidad; él no vendría.

Decepcionada y con la cabeza baja dirigí mis pasos hacia la puerta de salida. Cuando llegué a la estación me di cuenta que eran muy pesados mis zapatos pero me dolía más el corazón que la planta de los pies. Casi podía notar cómo el corazón me sangraba, y tan distraída estaba en eso que no me percaté de que alguien me seguía.

En la distancia había quien seguía cada uno de mis pasos, quien controlaba mis movimientos. Poco a poco fue ganando terreno, aproximándose a mí hasta casi poder tocarme. Si alargaba el brazo podría acariciarme, si yo frenase en seco no podría evitar el choque.

 Así me siguió durante un par de minutos hasta que no pudo contenerse más. Entonces se aproximó lentamente aprovechando que tuve que parar. Despacio, acercó sus labios a mi cuello. Al notarlo mi piel comenzó a levantarse inmediatamente.

Por un momento no supe si tenía que gritar, correr o dejarme llevar; fuera lo que fuese me tenía completamente paralizado el cuerpo sin poder reaccionar. Y del cuello a la oreja. Ahí dejó descansar sus labios y pronunció unas palabras. Tú también te mereces una sorpresa alguna vez, ¿no? Apenas podía creérmelo… era él! A quien había estado esperando en la estación!.

Nunca había esperado tanto algo como aquella vez, ese instante, esa voz y ese dulce tacto que me llegaba hasta el corazón. Después de unos segundo que me parecieron eternos, conseguí girarme y quedarme frente a él. Quién sabe, quizás todo fue mi imaginación o las ganas tan grandes que yo tenia de verle.




Si alguien ha de ser para ti, va a aceptar todas tus cosas, no va a salir corriendo



Me niego a pensar que no puedas conocer a alguien que te haga vivir una verdadera película. Las cartas se han perdido. Las llamadas por teléfono, las notas de papel, todo lo bonito que tenia el conocer a alguien se ha reducido a un simple chat que hace que cada vez seamos menos nosotros. Se dice que las películas son solo algo que entretiene, pero me niego a pensar que no puedas conocer a alguien que te haga vivir una verdadera película. Es el momento de dejar atrás las inseguridades, los temores, los miedos, los defectos, nadie vale más que nadie y eso debería ser algo universal. ¿Cuántas veces has dejado pasar algo por miedo al que dirán?, ¿cuántas veces has dejado de intentar algo por no creer en ti? Es hora de dejar eso atrás, somos una generación a la que no se lo están poniendo fácil. Es el momento de que cojas el teléfono y llames a esa chica que te gusta, de que le hables a ese chico tímido que te encanta pero no tiene valor para acercarse, de que cruces esa puerta que solo tienes que empujar. Es complicado y puede que no funcione, pero la felicidad que vas a tener al conseguirlo no se puede comparar con el mal rato que puedes pasar si fallas; y si sale mal pues adiós, ya vendrá la buena. Cada vez se mira peor que los sentimientos se expresen, lo que se lleva por bandera es asustarse y salir corriendo. Nos venden un amor en el que se debe pasar de todo, parecemos animales no dándole importancia a lo que la tiene. Hay que despedirse de los fantasmas del pasado, cada vez que conozcas a una persona imagínate lo que puede llegar a ser, empieza a soñar, deja de cruzar los dedos y aprende de ti. Para mi madurar no es dejar de soñar, si pierdes la capacidad de hacerlo te quedas en un simple cuerpo que no verá más allá de esto que lees. Créetelo, los consejos que una persona te de, que se los aplique él, tú vive los tuyos. Creo que ya es hora de que hagamos las cosas con fuerza y con la nobleza de cada uno. Si alguien ha de ser para ti, va a aceptar todas tus cosas, no va a salir corriendo y, si lo hace, que tenga buen viaje. Simplemente, sueña, con lo que sea, pero a lo grande.


  Me niego a pensar que no puedas conocer a alguien que te haga vivir una verdadera película. Las cartas se han perdido. Las llamadas por teléfono, las notas de papel, todo lo bonito que tenia el conocer a alguien se ha reducido a un simple chat que hace que cada vez seamos menos nosotros. Se dice que las películas son solo algo que entretiene, pero me niego a pensar que no puedas conocer a alguien que te haga vivir una verdadera película. Es el momento de dejar atrás las inseguridades, los temores, los miedos, los defectos, nadie vale más que nadie y eso debería ser algo universal. ¿Cuántas veces has dejado pasar algo por miedo al que dirán?, ¿cuántas veces has dejado de intentar algo por no creer en ti? Es hora de dejar eso atrás, somos una generación a la que no se lo están poniendo fácil. Es el momento de que cojas el teléfono y llames a esa chica que te gusta, de que le hables a ese chico tímido que te encanta pero no tiene valor para acercarse, de que cruces esa puerta que solo tienes que empujar. Es complicado y puede que no funcione, pero la felicidad que vas a tener al conseguirlo no se puede comparar con el mal rato que puedes pasar si fallas; y si sale mal pues adiós, ya vendrá la buena. Cada vez se mira peor que los sentimientos se expresen, lo que se lleva por bandera es asustarse y salir corriendo. Nos venden un amor en el que se debe pasar de todo, parecemos animales no dándole importancia a lo que la tiene. Hay que despedirse de los fantasmas del pasado, cada vez que conozcas a una persona imagínate lo que puede llegar a ser, empieza a soñar, deja de cruzar los dedos y aprende de ti. Para mi madurar no es dejar de soñar, si pierdes la capacidad de hacerlo te quedas en un simple cuerpo que no verá más allá de esto que lees. Créetelo, los consejos que una persona te de, que se los aplique él, tú vive los tuyos. Creo que ya es hora de que hagamos las cosas con fuerza y con la nobleza de cada uno. Si alguien ha de ser para ti, va a aceptar todas tus cosas, no va a salir corriendo y, si lo hace, que tenga buen viaje. Simplemente, sueña, con lo que sea, pero a lo grande.

Y llegará Enero



Y llegará Enero, y continuarás guardando en tu mochila años y daños, orgasmos y golpes, abrazos y despedidas. Y las decepciones cada vez pesarán más. Y el año comenzará con nuevos ciclos, con aires frescos, pero tú seguirás atrapada, ahuyentando fantasmas, prescribiendo finales, huyendo de los principios. Te camuflarás tras los auriculares y te aferrarás a un “mejor malo conocido que bueno por conocer”, porque crees que todos acabarán siendo igual, que continuarán expandiendo tu vacío en el mejor de los casos, o difuminando el brillo de tu mirada en el peor de ellos. Y las hojas de los árboles caerán inertes, para empezar de nuevo, mientras tú seguirás alimentando tu mundo de miedos, tu abismo de melancolías. Y llegará Enero, y tal vez descubras que no todo está cortado siguiendo el mismo patrón, que las segundas oportunidades también existen o tal vez sean las quintas… He perdido la cuenta. Y si me permites un consejo, no continúes con esta lucha interna… Que el viento de otoño limpie tus lágrimas, que el frío invierno te arrope en tu nuevo hogar. No tienes que seguir fingiendo todo. No hay motivos para seguir levantando murallas. Busca la belleza en la fragilidad y no sigas corriendo persiguiendo sombras. Deja que llegue Enero y déjate llevar con él. Deja que entre la luz en tu vida.



  Y llegará Enero, y continuarás guardando en tu mochila años y daños, orgasmos y golpes, abrazos y despedidas. Y las decepciones cada vez pesarán más. Y el año comenzará con nuevos ciclos, con aires frescos, pero tú seguirás atrapada, ahuyentando fantasmas, prescribiendo finales, huyendo de los principios. Te camuflarás tras los auriculares y te aferrarás a un “mejor malo conocido que bueno por conocer”, porque crees que todos acabarán siendo igual, que continuarán expandiendo tu vacío en el mejor de los casos, o difuminando el brillo de tu mirada en el peor de ellos. Y las hojas de los árboles caerán inertes, para empezar de nuevo, mientras tú seguirás alimentando tu mundo de miedos, tu abismo de melancolías. Y llegará Enero, y tal vez descubras que no todo está cortado siguiendo el mismo patrón, que las segundas oportunidades también existen o tal vez sean las quintas… He perdido la cuenta. Y si me permites un consejo, no continúes con esta lucha interna… Que el viento de otoño limpie tus lágrimas, que el frío invierno te arrope en tu nuevo hogar. No tienes que seguir fingiendo todo. No hay motivos para seguir levantando murallas. Busca la belleza en la fragilidad y no sigas corriendo persiguiendo sombras. Deja que llegue Enero y déjate llevar con él. Deja que entre la luz en tu vida.

Año nuevo, vida nueva.

Año nuevo, vida nueva. Balance. Eso es lo que suelen hacer las personas en esta época del año, cuando aprovechan el cambio inminente en el calendario para soñar con dejar atrás sus problemas, conseguir sus objetivos y hacer todo tipo de promesas. Muchos se conforman con proponerse cambiar de trabajo, apuntarse al gimnasio o dejar de fumar. Otros fantasean con cambiarse de piel y de vida, como si el nuevo enero viniera con la redención bajo el brazo, dispuesto a conjurar todos los males y borrar toda maldad de nuestra estela, poniendo la felicidad al alcance de nuestros dedos. Por la parte que me toca, este año que se acabó ha sido para mí, como ya les he dicho en alguna ocasión, un año de cambios. Un año de ruptura y renacimiento, de búsqueda y de hallazgos, de llantos y de risas, un año de inconformismo y evolución. Y aunque me han hecho daño (ni más ni menos que a cualquiera), lo único que pido al 2019 es que las cosas sigan pasando. Con lo bueno y con lo malo, con su sal y su pimienta, pero que ocurran, que sucedan. Que la vida se mueva y no se quede quieta, aunque a veces se complique. Porque lo que más temo es que no me pase nada, que el tiempo pase inmóvil, sabiendo de antemano el contenido de los días, perder el margen para improvisar, para hacer un quiebre. Porque tenerle miedo al dolor es tenerle miedo a la vida. Y nada hay que te ate más a ella que todo eso que sucede cuando conoces a alguien que te acelera el pulso y te nubla la razón. Alguien que te sacuda el corazón y la cama y te deje el regusto suficiente para recrearte durante días, macerando el recuerdo antes de dormir. Nada de amores baratos. Ese es mi propósito para el nuevo año. Feliz 2019


Año nuevo, vida nueva. Balance. Eso es lo que suelen hacer las personas en esta época del año, cuando aprovechan el cambio inminente en el calendario para soñar con dejar atrás sus problemas, conseguir sus objetivos y hacer todo tipo de promesas. Muchos se conforman con proponerse cambiar de trabajo, apuntarse al gimnasio o dejar de fumar. Otros fantasean con cambiarse de piel y de vida, como si el nuevo enero viniera con la redención bajo el brazo, dispuesto a conjurar todos los males y borrar toda maldad de nuestra estela, poniendo la felicidad al alcance de nuestros dedos. Por la parte que me toca, este año que se acabó ha sido para mí, como ya les he dicho en alguna ocasión, un año de cambios. Un año de ruptura y renacimiento, de búsqueda y de hallazgos, de llantos y de risas, un año de inconformismo y evolución. Y aunque me han hecho daño (ni más ni menos que a cualquiera), lo único que pido al 2019 es que las cosas sigan pasando. Con lo bueno y con lo malo, con su sal y su pimienta, pero que ocurran, que sucedan. Que la vida se mueva y no se quede quieta, aunque a veces se complique. Porque lo que más temo es que no me pase nada, que el tiempo pase inmóvil, sabiendo de antemano el contenido de los días, perder el margen para improvisar, para hacer un quiebre. Porque tenerle miedo al dolor es tenerle miedo a la vida. Y nada hay que te ate más a ella que todo eso que sucede cuando conoces a alguien que te acelera el pulso y te nubla la razón. Alguien que te sacuda el corazón y la cama y te deje el regusto suficiente para recrearte durante días, macerando el recuerdo antes de dormir. Nada de amores baratos. Ese es mi propósito para el nuevo año. Feliz 2019

Carta a un amor que se fue.


Amor mio:

Me veo buscándote en cada rincón de mi cama sin poder conciliar el sueño, dando vueltas en el colchón, abrazando la almohada, arañando las sábanas, maldiciendo cada minuto que pasa y que tú no estás aquí, acompañándome esta noche. Cierro los ojos con la esperanza de verte en mis sueños y los vuelvo a abrir esperando encontrarte en mi realidad. Me gustaría ser esa claridad que entra por tu ventana para despertarte cada mañana y esos últimos rayos de luz para despedirte en cada atardecer.
Me gustaría ser tu mesilla de noche para ver cómo te sumerges en el mundo de los sueños.
Me gustaría ser tu sábana para arroparte en cada madrugada fría. Me gustaría ser tu espejo para convencerte de todo aquello en lo que dudes. Me gustaría ser tu perfume para investigar cada uno de los poros de tu piel. Me gustaría ser tu peine para enredarme en tu pelo. Me gustaría ser tu colchón para que descansaras en mí todo el peso del día y me gustaría ser tu almohada para aconsejarte en todos tus pensamientos. Pero por desgracia, no soy esa claridad, no esos rayos, ni tu mesilla de noche, ni tu sábana, ni tu espejo, ni tu colchón, ni tu almohada, sólo soy alguien que te espera en su cama en vela con la esperanza de que en una de esas noches, aparezcas. Escribo esta carta a un amor que se fue.


Te sigo esperando.

Amor mio:   Me veo buscándote en cada rincón de mi cama sin poder conciliar el sueño, dando vueltas en el colchón, abrazando la almohada, arañando las sábanas, maldiciendo cada minuto que pasa y que tú no estás aquí, acompañándome esta noche. Cierro los ojos con la esperanza de verte en mis sueños y los vuelvo a abrir esperando encontrarte en mi realidad. Me gustaría ser esa claridad que entra por tu ventana para despertarte cada mañana y esos últimos rayos de luz para despedirte en cada atardecer.  Me gustaría ser tu mesilla de noche para ver cómo te sumerges en el mundo de los sueños.  Me gustaría ser tu sábana para arroparte en cada madrugada fría. Me gustaría ser tu espejo para convencerte de todo aquello en lo que dudes. Me gustaría ser tu perfume para investigar cada uno de los poros de tu piel. Me gustaría ser tu peine para enredarme en tu pelo. Me gustaría ser tu colchón para que descansaras en mí todo el peso del día y me gustaría ser tu almohada para aconsejarte en todos tus pensamientos. Pero por desgracia, no soy esa claridad, no esos rayos, ni tu mesilla de noche, ni tu sábana, ni tu espejo, ni tu colchón, ni tu almohada, sólo soy alguien que te espera en su cama en vela con la esperanza de que en una de esas noches, aparezcas. Escribo esta carta a un amor que se fue.    Te sigo esperando.

Nadie corría a mi encuentro, ni saltaba de alegría al verme.



Creía estar viva, nunca lo dudé. Corría , saltaba , reía, cantaba , soñaba… Sin embargo, nunca me di cuenta de una cosa… que siempre lo hacía sola. Nadie corría a mi encuentro, ni saltaba de alegría al verme. Mi risa jamás encontró el respaldo de otra, ni mi voz encontró un coro. 

Ninguna persona me ayudó a construir mis sueños… ¿Cómo no me había dado cuenta antes? ¿ Por qué ahora lo sabía?
De pronto, sentí algo diferente… Mis pies… Sentía un hormigueo, y cuando bajé mi vista hacia ellos, no podía creer lo que mis ojos veían… Se estaban deshaciendo lentamente, sin sentir dolor, sólo un hormigueo… La brisa me llevaba… Yo no podía entender… 

Mientras tanto, mucho más allá, lejos del parque, lejos del banco donde yo me encontraba; un joven se deshacía también, pero esta vez era en lágrimas. Triste y cansado guardó todo en cajas. Cada detalle, cada vestido, cada foto… todo lo que un día le perteneció, todo lo que le podía recordar a mí… Decidió que no podía continuar si no me olvidaba.; debía de asumir que yo no volvería, no podía vivir de recuerdos… Y fue entonces, de repente cuando pude comprendedlo… 
Hacía tiempo que estaba sola, hacía tiempo que abandoné mi cuerpo; hacía tiempo que mi vida no era más que recuerdos… y hoy él decidió que debía olvidarme… Y yo, mientras me integraba en la brisa, sonreía como hacía tiempo que no lo hacía, una sonrisa que brotó del corazón. Aún no sé cómo ocurrió, pero antes de evaporarme por completo, pude escuchar como él me sonreía también…

  Creía estar viva, nunca lo dudé. Corría , saltaba , reía, cantaba , soñaba… Sin embargo, nunca me di cuenta de una cosa… que siempre lo hacía sola. Nadie corría a mi encuentro, ni saltaba de alegría al verme. Mi risa jamás encontró el respaldo de otra, ni mi voz encontró un coro. Ninguna persona me ayudó a construir mis sueños… ¿¡Cómo no me había dado cuenta antes!? ¿ Por qué ahora lo sabía? De pronto, sentí algo diferente… Mis pies… Sentía un hormigueo, y cuando bajé mi vista hacia ellos, no podía creer lo que mis ojos veían… Se estaban deshaciendo! Lentamente, sin sentir dolor, sólo un hormigueo… La brisa me llevaba… Yo no podía entender… Mientras tanto, mucho más allá, lejos del parque, lejos del banco donde yo me encontraba; un joven se deshacía también, pero esta vez era en lágrimas. Triste y cansado guardó todo en cajas. Cada detalle, cada vestido, cada foto… todo lo que un día le perteneció, todo lo que le podía recordar a mí… Decidió que no podía continuar si no me olvidaba.; debía de asumir que yo no volvería, no podía vivir de recuerdos… Y fue entonces, de repente cuando pude comprendedlo… Hacía tiempo que estaba sola, hacía tiempo que abandoné mi cuerpo; hacía tiempo que mi vida no era más que recuerdos… y hoy él decidió que debía olvidarme… Y yo, mientras me integraba en la brisa, sonreía como hacía tiempo que no lo hacía, una sonrisa que brotó del corazón. Aún no sé cómo ocurrió, pero antes de evaporarme por completo, pude escuchar como él me sonreía también…

Sigo aquí, soñando



No me he ido... Sigo aquí, soñando; tratando de liberar todo eso que llaman energía. Las palabras se han hecho para transformar sueños y realidades, eso es lo que a veces busco hacer. A veces a escondidas, sueño con ése único instante que me hará feliz. Ya no lamento hechos que borraron mi sonrisa, busco en ellos el mejor escudo para seguir de pie. No hay oscuridad que dure cien años, no hay tristeza que me aturda para siempre. Hay encuentros y hay despedidas, hay caminos y hay desvíos que tarde o temprano aparecen para enseñarte que no eres inmortal, sino un cuerpo lleno de fortaleza capaz de caer pero nunca rendirse.

No me he ido... Sigo aquí, soñando; tratando de liberar todo eso que llaman energía. Las palabras se han hecho para transformar sueños y realidades, eso es lo que a veces busco hacer. A veces a escondidas, sueño con ése único instante que me hará feliz. Ya no lamento hechos que borraron mi sonrisa, busco en ellos el mejor escudo para seguir de pie. No hay oscuridad que dure cien años, no hay tristeza que me aturda para siempre. Hay encuentros y hay despedidas, hay caminos y hay desvíos que tarde o temprano aparecen para enseñarte que no eres inmortal, sino un cuerpo lleno de fortaleza capaz de caer pero nunca rendirse.