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Todo en la vida se paga así de simple.


A veces no nos damos cuenta ni somos conscientes del daño que podemos provocar en el otro, dejamos que todo lo que está en nuestro interior salga de alguna manera y no nos fijamos cómo. El herir a alguien no es solamente herirlo, las consecuencias que traen pueden ser fatales. Mucha gente, en el día de hoy, se va por simples rumores, que en realidad terminan siendo simples para los que lo crearon, y lo más difícil para los que se fueron. Por eso, es momento que empecemos a pensar antes de hablar, nada dice que no podamos cometer un error.. pero estemos conscientes de que lo hacemos. Y para los que lo hacen conscientes.. para los que saben que hieren al otro, todo en la vida se paga así de simple. "Cuida que tus palabras sean dulces, algún día te las tendrás que comer..."


Todo en la vida se paga así de simple.

No es fácil maquillar heridas cuando el llanto las corrió.


La mejor venganza es brindarle una gran sonrisa a aquellos que alguna vez te hicieron llorar. Es verdaderamente triste; que para ser feliz dependas de otra persona a la cual tu no le importas. La dependencia para la felicidad es terrible. Nos quita amor propio y al prójimo, libertad y dignidad.
Pero todos sabemos que a pesar de eso, !!No es fácil maquillar heridas cuando el llanto las corrió!!.

El odio afecta a nuestra salud, envenena nuestro corazón.



Así somos. Cuando alguien nos ha defraudado, herido o traicionado, pensamos que tenemos que hacérselo pagar. Creemos que así haremos justicia. Consideramos inaceptable lo que ha hecho y esa rabia nos mantiene atados a la situación y a la persona que nos ofendió. En vez de perdonarla y soltarla, nos atamos más a ella, nutriendo el resentimiento. Y al hacerlo, somos injustos con nosotros mismos: nos mantenemos en el infierno de nuestro fuego interior. El odio afecta a nuestra salud, envenena nuestro corazón, mata nuestra paz interior, nos seca de amor y felicidad. El odio es una emoción “incendiaria”, destruye la concentración y mata la capacidad de actuar con dignidad y excelencia. Unas sabias palabras dicen: “Una persona resentida se intoxica a sí misma” “¿Quieres ser feliz un momento? Véngate. ¿Quieres ser feliz siempre? Perdona”.



El odio afecta a nuestra salud, envenena nuestro corazón.

El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra.


"El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra."  Una frase con mucho peso y valor que ha servido para taparle la boca a personas que se creen con la fuerza moral de señalar y juzgar a sus semejantes... Cuantas veces nosotros hemos arrojado la piedra sin piedad, olvidando que también nosotros somos imperfectos propensos a fallar y que cuando nos encontráramos en una situación similar desearíamos que alguien, nos de la mano y nos ayude a levantar sin condiciones.



El odio afecta a nuestra salud y envenena nuestro corazón.


Cuando alguien nos ha defraudado, herido o traicionado, sentimos que tenemos que hacérselo pagar. Creemos que así haremos justicia. Consideramos inaceptable lo que ha hecho y esa rabia nos mantiene atados a la situación y a la persona que nos ofendió. En vez de perdonarla y soltarla, nos atamos más a ella, nutriendo el resentimiento. Y al hacerlo, somos injustos con nosotros mismos: nos mantenemos en el infierno de nuestro fuego interior. El odio afecta a nuestra salud, envenena nuestro corazón, mata nuestra paz interior, nos seca de amor y felicidad. El odio es una emoción “incendiaria”, destruye la concentración y mata la capacidad de actuar con dignidad y excelencia. Unas sabias palabras dicen: “¿Quieres ser feliz un momento? Véngate. ¿Quieres ser feliz siempre? Perdona”.



Porque la vida es así, tropiezas, te levantas y vuelves a tropezar.

Levántate, pontee guapa tan solo para joder al que pudo tenerte y no te tiene, para sorprender a los que te conocen y, por qué no, a los que no te conocen también. Cuando te veas fea, arréglalo con kilos de maquillaje. Listo. Y siéntete la mejor de todas. Cuando haya un rumor sobre ti, sea verdad o no, ve con la cabeza bien alta siempre. No mires a aquel que no se lo merezca, fíjate en detalles pero no te obsesiones con las señales. Infórmate de todo lo que pasa para después, cuando te pregunten, hacerte la sorprendida. ¿Qué? Perdona, no te he oído. Es que, a palabras necias, oídos sordos. Y a los capullos, ni el oído, ni la palabra, ni la mirada siquiera. Reconoce tus errores, demuestra que te arrepientes, aprende de ellos. Y con eso, no tendrás ni que mencionar la palabra “perdón”. ¿Por ocultar? Ocúltalo todo; miente, niega, invéntate, tergiversa. Pero sólo de tus asuntos; de los de los demás, que se encarguen ellos. ¿Por los amigos verdaderos? Da todo, miente, arriesga, engaña, perdona, ayuda, escucha, habla, calla, ríe, llora. Y ellos lo harán por ti. Si no lo hacen, sabes lo que tienes que hacer. Escucha música todas las noches delante del espejo, baila, salta como si tú fueras la protagonista de ese concierto en el que están todas las personas a las que quieres y a las que odias también, tu novio, tus pretendientes y tus ex-ces. Come helado, mánchate, sé feliz en la calle, en tu casa, en las tiendas, en el médico. Esquiva tus obstáculos con serenidad. Escribe un libro sobre tu vida y prueba todas las posturas del libro KamaSutra. Porque tú no criticas, sólo dices la verdad sobre los defectos de ciertas personas. Sé fuerte, olvida, ama, sufre, olvida, y ama otra vez. Porque la vida es así; tropiezas, levantas, y vuelves a tropezar. Pero te vuelves a levantar…

Levántate, pontee guapa tan solo para joder al que pudo tenerte y no te tiene, para sorprender a los que te conocen y, por qué no, a los que no te conocen también. Cuando te veas fea, arréglalo con kilos de maquillaje. Listo. Y siéntete la mejor de todas. Cuando haya un rumor sobre ti, sea verdad o no, ve con la cabeza bien alta siempre. No mires a aquel que no se lo merezca, fíjate en detalles pero no te obsesiones con las señales. Infórmate de todo lo que pasa para después, cuando te pregunten, hacerte la sorprendida. ¿Qué? Perdona, no te he oído. Es que, a palabras necias, oídos sordos. Y a los capullos, ni el oído, ni la palabra, ni la mirada siquiera. Reconoce tus errores, demuestra que te arrepientes, aprende de ellos. Y con eso, no tendrás ni que mencionar la palabra “perdón”. ¿Por ocultar? Ocúltalo todo; miente, niega, invéntate, tergiversa. Pero sólo de tus asuntos; de los de los demás, que se encarguen ellos. ¿Por los amigos verdaderos? Da todo, miente, arriesga, engaña, perdona, ayuda, escucha, habla, calla, ríe, llora. Y ellos lo harán por ti. Si no lo hacen, sabes lo que tienes que hacer. Escucha música todas las noches delante del espejo, baila, salta como si tú fueras la protagonista de ese concierto en el que están todas las personas a las que quieres y a las que odias también, tu novio, tus pretendientes y tus ex-ces. Come helado, mánchate, sé feliz en la calle, en tu casa, en las tiendas, en el médico. Esquiva tus obstáculos con serenidad. Escribe un libro sobre tu vida y prueba todas las posturas del libro KamaSutra. Porque tú no criticas, sólo dices la verdad sobre los defectos de ciertas personas. Sé fuerte, olvida, ama, sufre, olvida, y ama otra vez. Porque la vida es así; tropiezas, levantas, y vuelves a tropezar. Pero te vuelves a levantar…