Se cierran las flores con el sol del crepúsculo, rayos naranjas que tiñen un paisaje cargado de descuidos. No hay nada, ni siquiera sombras que asustan. Estoy sola, y aún así desearía ser invisible, una simple espía sin palabras que gritar, sin gritos que esconder.
Aquí estoy todavía. No hubo pataletas, no hubo gritos ni cosas lanzadas por el aire en tu contra. Sólo hubo tristeza. Sólo quedó algo de esperanza. Casi nada ha cambiado. Lo único nuevo que puedo exhibir es la capacidad de despertar sin ti, de conversar a solas conmigo, de ver desde el aire dónde estoy.
A pesar del dolor, hubo ganancia, hubo darse cuenta. Cada día, mientras veía tu silla vacía, comía sin mucho paladear; como si lo hiciera para solo sobrevivir. Mientras escuchaba música, me traicionaron mis manos y te buscaban en el sofá.
¡Poco a poco aprendí a estar sin compañía!, sin alguien que ocupase mis miradas, mis caricias, mis picardías. Todo eso se envolvió en un regalo agridulce que me hizo enterarme de mí, de que existo, de lo que quiero, de lo que necesito.


Aprender a sobrevivir, sin el ser amado.. ese camino es duro, puesto que cada día está metido dentro de lo intangible.. Me gustó, Saldos
ResponderEliminarSe aprende a disfrutar de estar solo, de los espacios, si bien el amor es necesario, no debe ser una dependencia como único fin para ser feliz siempre.
ResponderEliminarBesos dulces siempre para ti.
Qué curioso, hoy mismo en mi blog hablo de lo bien que se está sola. Precioso tu texto!
ResponderEliminarBesos.
Tus versos encierran hermosos mensajes, cual doctora en filosofía y nos trasladas a las inquietudes de tu existencia.
ResponderEliminarHermoso.
Andrés López
Una sincera expresión de soledad, pulidamente expresada en poesía.
ResponderEliminarSaludos.
Bello......y muy hermoso
ResponderEliminar