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Mostrando entradas con la etiqueta Culpa. Mostrar todas las entradas
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El tiempo anda en mi contra..

Ultimamente siento eso..que el tiempo anda en mi contra..Siempre que encuentro lo preciso para decir mi tiempo se acabo...Siempre ando con la palabra justa en el momento equivocado...¿Sera que estoy lenta para reaccionar o que el tiempo se me pasa rápido? Quién sabe...


La culpa no te deja soñar.


Todos deberíamos tener una… 
como un cepillo de dientes, con el que remueves,
 observas y dejas asentar los brincos, las pérdidas, las omisiones.
 La culpa existe para recordarnos que no escaparemos de lo que salió mal.
 Será ese ángel malo que llevamos, no en el hombro,
 sino en la espalda, en los párpados, en las canas.

 Lo bueno de la culpa, es que salva; a los demás, claro, pero salva. 
En la medida en que llenemos nuestra mochila,
 seguramente descargamos a alguien más de ello.
 La culpa no te deja soñar, estar, reír sin complicaciones.
 Está siempre ahí para dirigir nuestras nuevas acciones,
 nuestros nuevos proyectos culpabilizantes 
 que se emprenden para eliminar a la culpa,
 y terminan siendo un tremendo monumento a su majestad. 

No sé si decidí ser siempre la culpable, o fue un regalito de alguien más.
 No sé si es voluntario o es el torcimiento de las responsabilidades huérfanas,
 que flotan en el aire, esperando a que llegue yo y las recoja,
 como la ropa del tendedero. 


Hoy se acaba mi adicción a tí.


Quizás cuando pase un tiempo te des cuenta de como he podido llegar a sentirme,

de todo el dolor que me has podido llegar a causar tan solo con palabras. 

Puede que sea mi culpa haber llegado a este punto, 

que en el primer momento tenia que haberte olvidado, pero no solo no te olvidé, 

sino que me arrastré una y otra vez para poder conseguir algo de tí 

pero nunca tuve la suerte de haberlo conseguido. 


Puede que ahora vea todo muy negro, que no vea un futuro sin tí 

pero tal vez es cuestión de tiempo, que solo me hace falta abrir los ojos

y pensar con la cabeza y dejar a un lado el corazón

y darme cuenta de que sin tí todo será mejor, 

de que alguien podrá llegar a quererme como tú no supiste hacerlo

y que yo podré querer a alguien como te quise a tí.
Hoy se acaba mi adicción a tí.

Cuando la batalla está perdida, solo los que huyen pueden combatir en otra.

Intentaré escapar de esta madriguera. De este pequeño agujero donde todo ya se me queda grande. Recogeré mis cosas, las meteré en una caja, como en las películas americanas y saldré por la puerta. Me despediré de todos mis recuerdos. Y comenzaré a andar. Por otros caminos, donde no pueda encontrarme contigo. Escapar es en lo único que pienso ahora. Huir como un hábil ratón. Porque cuando la batalla está perdida, solo los que huyen pueden combatir en otra.



El odio afecta a nuestra salud, envenena nuestro corazón.



Así somos. Cuando alguien nos ha defraudado, herido o traicionado, pensamos que tenemos que hacérselo pagar. Creemos que así haremos justicia. Consideramos inaceptable lo que ha hecho y esa rabia nos mantiene atados a la situación y a la persona que nos ofendió. En vez de perdonarla y soltarla, nos atamos más a ella, nutriendo el resentimiento. Y al hacerlo, somos injustos con nosotros mismos: nos mantenemos en el infierno de nuestro fuego interior. El odio afecta a nuestra salud, envenena nuestro corazón, mata nuestra paz interior, nos seca de amor y felicidad. El odio es una emoción “incendiaria”, destruye la concentración y mata la capacidad de actuar con dignidad y excelencia. Unas sabias palabras dicen: “Una persona resentida se intoxica a sí misma” “¿Quieres ser feliz un momento? Véngate. ¿Quieres ser feliz siempre? Perdona”.



El odio afecta a nuestra salud, envenena nuestro corazón.